Hoy he entendido algo a lo que llevo tiempo dándole vueltas en mi cabeza. Cuando quieres tanto a alguien y dejas de hacerlo, ya no puedes nunca más volver a querer. Como si unos labios pudiesen desgastar un sentimiento, como si la ausencia de alguien pudiese provocar frío y mi corazón sólo fuese un bloque de hielo en la Antártida.
Hoy he entendido la idea; echando la vista atrás hace tiempo que no me gusta nadie. Ya ni siquiera soy gay, ni hetero, ni nada. Las cosas se acaban, y éso acojona hasta al más valiente. Quería que éste año fuese para mí, no quería estar con nadie en doce meses, pero es que ésto solo ha servido para perder el interés en todo. Las chicas pueden ser muy zorras, y si le pegas una patada a una piedra, salen mil tíos cabrones. La gente se hace daño. La gente se miente. Se hieren, se pegan y vuelven. ¿Cómo vivir enamorado del cristal que te corta? ¿Cómo vivir feliz sabiendo que te volverá a fallar?
Quizás una segunda oportunidad habría estado de perlas. Pero con éste expediente, ¿quién se atreve a dar otra más?
Me gastó el amor cada vez que me lo hizo. Me gastó el amor cada vez que me habló mal, cada vez que me mintió y cada vez que me hizo añicos. Derrumbó ese sentimiento que todos debemos sentir, y rompió el mito de que aquello era indestructible.
¿Sabéis la sensación de no querer otros labios que no sean los suyos? Pues yo también, pero es que ni siquiera su mentirosa boca es suficiente ya.
Di de mi hasta lo último, y eso tampoco fue suficiente. Te fuiste porque ya no me querías, pero es que éso es otra mentira. Te fuiste porque nunca me quisiste.
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